jueves, 25 de mayo de 2017

LA FUENTE DE APOLO


Fue una de las divinidades principales de la mitología greco-romana, uno de los dioses del Olimpo. Era hijo de Zeus y Leto, y hermano mellizo de Artemisa, y posiblemente después de Zeus fue el dios más influyente y venerado de todos los de la Antigüedad clásica.


De todas fuentes existentes en el Paseo del Prado, esta es la más desconocida.
Primera en popularidad es La Cibeles, la segunda es Neptuno, y la tercera es la que hoy nos ocupa, la Fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones.


Debido a la importancia del proyecto, en su ejecución participaron y compitieron diversos escultores. El modelo final se encarga a Manuel Álvarez en 1781, pero no llega a concluir la figura de Apolo, al morir en 1797. El monarca Carlos IV y su esposa aceleraron la ejecución de la obra porque deseaban inaugurar el monumento con motivo de la boda del entonces príncipe de Asturias, y después rey Fernando VII, con María Antonia de Nápoles. Finalmente, la fuente de Apolo se terminó en 1802.


Esta estatua del dios de la música está considerada como una de las mejores obras clásicas erigidas en España por la elegancia en las proporciones y la captación del gesto divino y el equilibrio. Apolo aparece portando una lira y acompañado por las esculturas alegóricas de las Cuatro Estaciones, ya que, como dios del Sol, de él depende el nacimiento y tránsito de las estaciones.

La Fuente consta de dos pilones, con un cuerpo central, con fuentes de las que mana agua de dos máscaras representando a Circe y Medusa. En el cuerpo central están las esculturas de las Cuatro Estaciones. En la parte central el escudo del Oso y  el Madroño, símbolos de la Villa y Corte.

La Primavera está simbolizada por una joven con flores , representando el nacimiento del año.

El Verano simbolizado por una mujer con una hoz en la mano, representando la siega de los campos.

El Otoño simbolizado por la figura de un hombre con uvas en las manos.

El Invierno simbolizado por un ancinano como final del año y de la vida.




martes, 23 de mayo de 2017

LLEGA LA PESETA

Carlos III  había creado el Banco de San Carlos para descontar los pagarés que eran emitidos por el propio Estado. Un escándalo financiero, con acusaciones de fraude dieron al traste con la entidad, siendo sustituida en 1829 por el Banco de San Fernando.


En 1844 por inspiración del marqués de Salamanca, se funda el Banco de Isabel II, que, fusionado en 1856 con el de San Fernando, da lugar al Banco de España, autorizado para emitir papel moneda, privilegio que compartió con diecinueve entidades situadas en las principales ciudades españolas, hasta que en 1874 le fue otorgado con carácter exclusivo, siendo ministro de Hacienda José Echegaray, matemático, ingeniero de caminos y prolífico autor de dramas en verso que le valieron el Premio Nobel de literatura.

Las monedas tenían un valor real intrínsico, según su peso en oro y plata, de manera que el papel moneda podía ser canjeado en el banco por monedas de igual valor, de ahí la fórmula mantenida hasta mediados del siglo XX, "El Banco de España, pagará al portador la cantidad de..."


Reinando Isabel II comienzan los trabajos para la racionalización del sistema monetario en base a la peseta ( cuyo nombre proviene según parece de unas acuñaciones catalanas de fracciones del peso), formalmente implantado por el Gobierno revolucionario de 1868.


El "peso duro" valía cinco pesetas y el "real" la cuarta parte de una peseta. Se establecieron monedas fraccionarias de diez y cinco céntimos en cobre, con la efigie de un león, y ahí salió el gracejo madrileño que las motejaron como "perra grande y perra chica."

Así somos.





jueves, 11 de mayo de 2017

¡ QUE TRAJÍN !

Desde luego que España es diferente

Basílica de San Francisco el Grande (foto propia)

En 1869, las Cortes Constituyentes pensaron transformar el templo de San Francisco el Grande en Panteón Nacional por acuerdo unánime. La discordia llegó en seguida, al tener que seleccionar los huesos ilustres que habían de ocupar los doce primeros sepulcros. Se estableció de muchos cabildeos, una primera lista que comprendía más de cincuenta nombres consagrados.

" ¿Qué te parece la candidatura que han presentado los liberales? No figuran en ella más que anticlericales y progresistas. Eso no se puede consentir, pues intentan, como siempre, manipular la historia. Nuestro grupo se opondrá con todo su peso parlamentario. ¿Quién duda que Mengano es una gloria nacional? Pues no quieren que se le seleccione" (decían los unos poniendo el grito en el cielo y engolando la voz)

"Es de verdadera risa la serie propuesta por los retrógrados. ¿Y esos son glorias nacionales? Medianías de segunda fila, nada más. ¿Dónde se va a comparar un Lope con un Caldeón o un Campomanes con un Gravina? ¡ Basta ya de cerrazón por parte de esos señores amantes de las cadenas y del oscurantismo !  ¡Que no nos impongan sus antiguallas ! Desde luego que esta vez no se saldrán con la suya" ( afirmaban convincentes y acalorados sus adversarios políticos).

Que éstos, que si los otros, seguían en feroz controversia. Intervino el presidente de la Cámara para intentar un consenso (entonces se decía "pasteleo"), pero no tuvo éxito el empeño a pesar de sus esfuerzos y de las numerosas reuniones que mantuvo para ello. Ante la situación se determinó que lo que procedía era votar. Se convocó a los señores diputados, que fueron depositando su voto. ¿El resultado? Fue éste:

-Juan de Mena
-Garcilaso de la Vega
-El Gran Capitán
-Alonso de Ercilla,
-Juan de Lanuza
-Ambrosio Morales
-Francisco de Quevedo
-Pedro Calderón de la Barca
-Marqués de la Ensenada
-Ventura Rodríguez
-Juan de Villanueva y,
-Federico Carlos Gravina

Ninguno de ellos fue seleccionado por unanimidad.. y ahora llega lo chusco final . Los elegidos no llegaron a ocupar su sepulcro porque los sepulcros... NUNCA FUERON CONSTRUIDOS.

Entrada al Panteón de Hombres Ilustres (foto propia)

Frustrado así el proyecto, durmió el sueño de los justos durante unas décadas. De nuevo surgió la ocasión de ponerlo en práctica, al iniciarse el nuevo siglo, precisamente, en 1901, cuando desde la vieja iglesia de Atocha, se trasladaron al ya erigido Panteón de Hombres Ilustres, anejo al nuevo templo, los restos de los generales Palafox, Castaños, de la Concha y Prim, enterrados allí por su calidad de directores del Cuerpo de Inválidos, más los de Ríos Rosas, y a los que seguidamente se fueron incorporando, en nuevos enterramientos, los restos de otros políticos de la época contemporánea.

(Esta manía de los españoles de siempre de no dejar tranquilos a los muertos hace que se iniciase el éxodo de ilustres militares de Atocha, como son Prim, Castaños y Palafox, reclamados por distintas ciudades españolas.) Entonces, ¿quién sigue aquí?, y ¿hasta cuando? A la primera se puede contestar con seguridad, y a la segunda, tan sólo con un: ¡quién lo sabe!

Los aquí enterrados en panteones individuales:

-Canalejas
-De la Concha, marqués del Duero)
-Eduardo Dato
-Ríos Rosas
-Cánovas del Castillo

En el patio central se halla un enterramiento conjunto para seis políticos liberales:

-Calahorra, Argüelles, Martínez de la Rosa, Mendizábal, Muñoz Torrero y Olózaga.


Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid de Francisco Azorín. Ed. El Avapiés



martes, 9 de mayo de 2017

¡VAYA FAMILIA!

El 13 de diciembre de 1639, desde la iglesia de la Almudena salió una solemne procesión que fue presenciada por las infantas doña María y doña Margarita desde un tabladillo, lujosamente engalanado, construido al efecto. De este hecho proviene el nombre de la calle de las Infantas


(Calle de las Infantas desde la Plaza)


(Paca que representa a las infantas)


Pero, ¿Que hacían las infantas allí?
Hay que retroceder un poco en el tiempo.

Estamos en la antigua plaza de Bilbao, luego Vázquez de Mella, hoy Pedro Cerolo, en ángulo con las calles de Infantas y del Clavel.

(Plaza de Pedro Cerolo)


Un niño portugués vino con sus padres y hermanas y establecieron  aquí una pequeña tienda, parecida a una mercería. Enfrente estaba la casucha que les servía de de vivienda  En el establecimiento se hallaba la pequeña escultura de un Cristo crucificado, con sus heridas, sus clavos y sus espinas sangrantes. Extrañado por no haberlo visto nunca, pregunto el muchacho:

- Y eso ¿que es?
- Nada; un crucificado le respondió su padre con deje de desprecio y aspecto ceñudo.

Pero el chiquillo pensó, más de una vez, en aquella extraña figura de la tienda y, hasta en sueños, creyó que era el mismo, a quien unos hombres horribles calaban los pies a martillazos. Empezó a ir a la escuela cercana, donde sintió que le miraban con desconfianza. Faltaba a las clases, un día a la semana - ¿era el viernes o era el sábado? - porque sus padres y hermanas se reunían con amigos a " tratar de asuntos" , según le decían; con la merienda le enviaban a pasar la tarde en los descampados cercanos, donde las pedreas entre los muchachos, era cosa frecuente. En cierta ocasión la riña labía sido más fuerte que otras veces, se presentaron los alguaciles. Al verlos el muchacho corrió espantado, con la intención de refugiarse en la tienda de sus padres; lo hizo a través de una ventana entreabierta. Pensó que allí no habría nadie y se encontró con la sorpresa de escuchar voces, penetró en el interior  acercándose al cuarto de donde procedían aquéllas. Se quedó sin habla. Sus padres y otras personas escupían y daban latigazos al crucifijo que tanto había despertado su atención.

(Cuadro de Francisco de Ricci que representa el hecho)


Lo despedazaron sobre un brasero, prendiéndole fuego. Con las llamas brotaron gotas de sangre. El terror del muchacho le hizo salir corriendo y refugiarse en la escuela. El naestro le atosigó a preguntas por averiguar el espectáculo que el chiquillo había presenciado y era el motivo de su temblor.
La familia judía y sus amigos fueron condenados a morir en la hoguera y el niño recogido por una familia para su cuidado y educación. El local se transformó en convento para capuchinos, quienes colocaron otra imagen que, para evocar el hecho, fue llamado Cristo de la Paciencia.


(Grabado del convento) -Todocolección


Leyendas y Anédotas de Madrid Francisco Azorín Ed. El Avapiés.










lunes, 8 de mayo de 2017

¡ A LA CARCEL !

El puente de Segovia es el más antiguo que ha sobrevivido  en Madrid. Su construcción fue ordenada por Felipe II al arquitecto Juan de Herrera,  Las obras, que contaron con un presupuesto de 200.000 ducados, se extendieron entre 1582 y 1584.


En el año 1648, el arquitecto José de Villarreal procedió a su reparación.  En 1648, fue colocado en su frente una puerta ornamental, obra de Teodoro Ardemans, para dar mayor monumentalidad al puente. Este elemento fue eliminado con el paso del tiempo.

En noviembre de 1936, durante la Guerra Civil española, fue volado por el bando del frente popular  para evitar la entrada en Madrid de las tropas franquistas, al mando del general Yagüe.

Pero es una anécdota la que os quiero contar, y no no su historia.


La anécdota:

Según nos cuenta Pedro de Répide una de las bolas que adornan el puente, estuvo presa en el patio de  de la casa del Verdugo, en la calle de ese mismo nombre, hoy de Santo Tomás, por causar la muerte de un niño al desprenderse. Lo que no se sabe es cuanto tiempo duró la condena de tan singular presa.

Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid de Francisco Azorín Ed. El Avapiés



jueves, 4 de mayo de 2017

EL MORO CELOSO

Esta leyenda era la preferida del gran don Emilio Carrere, tan enamorado de la calle del Sacramento. Poco más o menos, era ésta su versión:


Habitaban la casa un noble moro y su esposa, mujer de extraordinaria hermosura, quien tenía como amante a un caballero español. Pasaron unos meses y de la noche a la mañana, desapareció el galán hispano, sin que ya más se supiera de él. Como pasa siempre, al principio se comentó su ausencia y más tarde se le olvidó por completo. Transcurrido el tiempo, falleció el árabe y, entonces, la bella mora descubrió lo sucedido: su esposo había sorprendido juntos a los amantes y dado muerte a su rival. Para dejar impune su acción le habilitó una tumba en el tejado de la misma vivienda. La enamorada, como tributo a su amante, se convirtió al cristianismo y en su recuerdo hizo instalar una cruz de madera en el lugar que fue durante algún tiempo la tumba del caballero español.

Más o menos hasta los años 70, la casa de la Cruz de Palo estaba en la contemplación del perplejo transeúnte de la calle del Sacramento. Por ella todavía en las noches de luna, vuelve a pasear el fantasma de Emilio Carrere, con su capa y su pipa inconfundibles, que va diciendo:
           
                     " La calle del Sacramento
                     duerme en un encantamiento secular.
                     Con sus vetustas mansiones
                     sus palacios infanzones,
                     y sus amables rincones
                     tan dulces para soñar... "

Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid de Francisco Azorín. Ediciones El Avapiés 1992


miércoles, 3 de mayo de 2017

¡ CHUPATE ESA !

                                                   "Fea, pobre y portuguesa...
                                                   ¡ chúpate esa ! "

El gracejo popular así calificaba a Isabel de Braganza y Borbón, segunda esposa de las cuatro que tuvo Fernando VII. Se exageraba bastante, pero no se levantaba ninguna calumnia. Su rostro tenía ojos redondos y saltones, poco expresivos; nariz prominente; boca pequeña y torcida; además era bastante sosita, bueno muy sosita. Su reinado duró dos años; murió al hacerle la cesárea, con motivo del nacimiento de su segunda hija. En tan corto espacio de tiempo, sólo hay que destacar una curiosa anécdota y una de sus pocas aficiones que resultó verdaderamente providencial.

La anécdota:

El monarca no tuvo mucho apego a la portuguesa y animado por el duque de Alagón y por Chamorro, sus compañeros de cuchipandas y golferías, realizaba frecuentes visitas nocturnas a diversos antros, entre ellos, al de Pepa la "Malagueña". La ingenua soberana, sabedora de la debilidad de su marido por las mujeres de " rompe y rasga ", una noche, le esperó vestida de manola, incluso con un clavel en el moño. El monarca, al encontrarla con semejante atuendo, se quedó atónito; pero en seguida soltó una carcajada; Isabel se echó a llorar y Fernando la expulsó de la habitación con malas maneras. Desde entonces la reina se resignó a recoger, en cada amanecida, el sobrante del festín erótico nocturno.

Ala reina le gustaba la pintura, y también de cuando en cuando, pintaba. Conociendo este hecho, los artistas madrileños, se acercaron a ella para que intercediera ante el rey, con objeto de que el edificio que se había construido bajo la dirección de Juan de Villanueva en el reinado de Carlos III, para museo de Ciencias Naturales, pero que no llegó a cumplir tal finalidad, se transformarse en museo de Pinturas. El monarca accedió. Cuando se inauguró, Isabel de Braganza ya había muerto, pero en su testamento había dejado una fuerte manda para su fundación.


Es bonito que con el dinero de una mujer, que pasó como una sombra por la historia de España, se iniciara así una de las primeras pinacotecas del mundo.


Del libro Leyendas y Anécdotas del Viejo Madrid. Editorial Avapiés año 1992